Vez, que tú adueñas el retumbo de tambores,
esos que encontraste navegando en el Motagua,
río donde supe recogiste algas y cadáveres
acecinados por puercos dictadores,
que muertos los dejaron navegando en esa Guatemala,
flor de pascua en la cintura de América.
Supe que cuando en la Mosquitera,
merodeabas los silencios de la selva,
en esa patria Nicaragua,
siempre fuiste sí:
acompañado de un nerviosismo de venado.
Fueron las corrientes del Río Tipitapa,
esas que en la selva pregunta al Once Coco Segovia,
otro río que te dio el derecho
de encontrar la raíz de las ideas.

Fragmento del poema Yo no vengo a pedir piedad