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CINENFADO-CIUDAD DE DIOS

Cada vez que una buena película pasa inadvertida en las salas de cine, surge la pregunta: ¿dónde están los cinéfilos que gustan (digámoslo de esa manera) del cine-arte? ¿Será que son tan pocos que no alcanzan para lograr que un buen filme se mantenga, por lo menos, un par de semanas en cartelera?

Es cierto que los circuitos de cine comercial ofrecen, casi sin excepción, títulos de entretenimiento; no hay nada de malo en eso, al final es el espectador quien decide lo que quiere ver.

“Ciudad de Dios” (adaptación de la novela del mismo nombre escrita por Paulo Lins), cinta que cuenta la historia de una de las más violentas “favelas” de Río de Janeiro, desde los inicios del crimen organizado, en sus más ingenuas representaciones, hasta su consolidación y sucesión.

Inicia la película con una secuencia caótica, pero cautivadora. En ella se advierte la tonalidad que el director, en su afán de convertirla en un espectáculo visual, cosa que logra con acierto, habrá de imprimir a todo el metraje.

Estamos en presencia de un filme realizado con gran aplomo, con mucha ambición y sin ninguna clase de complejos. Incluso se le puede dar el sello de superproducción, pues la cantidad de recursos técnicos y humanos que intervienen son poco acostumbrados en el cine latinoamericano.

La cinta es narrada por Buscapé, un niño cuyo sueño es convertirse en fotógrafo, y aunque él se vuelve el hilo conductor del relato, no llega a destacarse como el personaje principal. Conste que es uno de ellos, pero otros personajes como Ze pequeño, Bene y Cabeleira, por mencionar algunos, son igual de importantes. En todo caso, es la ciudad la que llega a convertirse en el mayor protagonista.

Dos cosas se pueden señalar como fallos: la primera, el guión se vale de algunos trucos muy evidentes para capturar la atención del espectador y darle solución a los conflictos; la segunda, la voz en off de Buscapé le resta fluidez al ritmo narrativo. Esto último es un defecto muy común en el cine de América Latina.

“Ciudad de Dios”, dirigida por Fernando Meirelles, es una cinta en la cual se perciben variadas influencias, desde la “Naranja mecánica” de Kubrik, pasando por “Pulp fiction” de Tarantino, “Amores perros”de Iñarritu, y en general, el cine de Scorsese. De hecho bien podría haberse llamado “Pandillas de Río de Janeiro”.

FERNANDO RAMOS

fernandoramos

He publicado crítica de cine en Prensa Libre

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1 Response

  1. Maski says:

    Ciudad de Dios,.. ohhh increible crudeza del director, muy buena pelicula cachito vieja tambien.

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