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CINENFADO-21 GRAMOS

Uno de los mayores pesos que el ser humano debe cargar, durante toda su vida, es el sentimiento de culpa y la necesidad de redención.

“No hay justos, ni aun uno”, reza el dogma bíblico, y es eso lo que se nos ha inculcado desde niños, conste que también se nos ha inculcado la forma de liberar el peso. Lo cierto es que, de acuerdo con la naturaleza del ser humano, no todo lo malo que se hace genera culpa, ni todas las culpas llegan a ser redimidas.

“21 gramos”, la segunda película del director mexicano Alejandro González Iñarritu, es una historia sencilla, narrada con complejidad, en la cual un fatal accidente une la vida de los tres personajes centrales.

Iñárritu hace, de nuevo, un montaje que rompe con la linealidad del relato, pero esta vez evita que el ir y venir llegue a incidir de manera negativa en el filme; por el contrario, el manejo del tiempo se convierte en uno de los méritos de la puesta en escena, aunque tal aspecto puede llegar a colmar la paciencia de algunos espectadores.

Uno de los problemas de la cinta radica en el guión, pues para hacer que los protagonistas lleguen a coincidir se recurre a trucos muy al estilo del cine “made in USA”. El mayor logro de la producción se encuentra en las actuaciones, cada uno de los actores principales hace una interpretación magistral.

Benicio del Toro hace el papel de Jack, un ex convicto que trata de encontrar en la religión su tabla de salvación, su trabajo es formidable; cada gesto, cada mirada, cada palabra suya revelan con dramatismo el terrible peso que lleva encima. Naomi Watts es Christina, su personaje es capaz de transmitir con gran intensidad el dolor que le ocasiona la pérdida de su familia, en ella no se perciben falsas emociones, su actuación está a la altura de las circunstancias.

Sean Penn es Paul, un profesor universitario cuya vida depende de un transplante de corazón, su trabajo tiene varios matices; el deterioro físico producto de la enfermedad, el tono de la voz, la expresión facial, todo realizado con total maestría. Entre los tres ponen en evidencia lo pesado que se hace cargar con las culpas y lo difícil que puede ser redimirlas. El conjunto de las actuaciones alcanza un nivel que pocas veces se ve en un filme.

“21 gramos”, dirigida por Alejandro González Iñárritu, es una película construida a base de escenas que duran menos de dos minutos y cada una supone un salto en el tiempo, algunas veces hacia atrás, otras hacia adelante. Sus más de dos horas de metraje exigen toda la atención del espectador, pero bien vale la pena el esfuerzo. Se la recomiendo. Calificación 8/10.
Fernando Ramos

fernandoramos

He publicado crítica de cine en Prensa Libre

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