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Talando el bosque para salvarlo

Talando un árbol de caoba en el Petén. Un experimento pionero en el manejo de bosques comunitarios
El hombre apalancó sus pies en la ladera de la colina y colocó la hoja de su estridente sierra de cadena en el costado de un árbol de caoba. Su propósito era cortar un segmento del tronco para poder controlar su caída. Dos cortes en ángulo liberaron el segmento. El hombre miró en la dirección en que el árbol iba a caer. Con satisfacción se dispuso a iniciar un tercer corte en la parte opuesta del tronco. Una lluvia de serrín húmedo y aceite se desprendía de los dientes de la sierra, manchando su cara y brazos desnudos. Pronto el árbol comenzó a trepidar y a inclinarse. El hombre apartó la hoja del corte y se retiró de un salto mientras el árbol, con su carga de plantas trepadoras y bromeliáceas, se desmoronó sobre la tierra, arrastrando tras sí algunos árboles de menor tamaño. Tras unos ligeros ajustes el tronco quedó quieto.
En efecto, muchos socios de la Cooperativa El Arbolito han decidido que el manejo colectivo del bosque no les conviene, y que prefieren ocuparse individualmente de las parcelas de bosque que les corresponden. En parte, la frustración de los socios se debe a los malos resultados de la tala del año anterior, aunque la culpa no fue del bosque o del plan de manejo. Se produjeron retrasos en el procesamiento de la documentación necesaria para transportar los troncos y, como resultado, muchos de estos se encontraban todavía en el bosque cuando comenzó la temporada de lluvias. Las lluvias impidieron el tránsito de los caminos y muchos troncos se pudrieron. Al final, cada socio de la cooperativa recibió sólo 135 dólares. “La gente está muy desmoralizada”, dijo el presidente de la cooperativa, Edwin Atilio López.
El técnico forestal de la Asociación Centro Maya, Edwin Castro Castellanos intentó ver el lado optimista de la historia. Dijo que conoce algunos ejemplos de bosques pequeños, de propiedad privada, que muestran signos prometedores. Admitió, sin embargo, que para un agricultor pequeño, con una familia en marcha, la tentación de convertir los árboles en dinero rápido podría resultar irresistible.
“Si dependiera de mí, lucharía a capa y espada por defender el bosque, porque lo amo”, dijo, “Pero tenemos que manejar políticas y otros asuntos que no están bajo nuestro control”.
Señaló que, aunque los bosques de Petén siguen desapareciendo con rapidez, las cosas estaban mucho peor en años pasados cuando el contrabando de tráfico de madera estaba en pleno auge. “Al menos ahora tenemos programas que ofrecen incentivos para conservar los bosques, a pesar de las trabas inevitables de la burocracia y la falta de continuidad de las políticas de una
administración a otra”, declaró.
¿Cree que el bosque sobrevivirá dentro de 50 años? “Esta es nuestra visión”, contestó.
Motivación y suerte. De regreso a la sede del Programa de Desarrollo Sostenible de Petén, su director técnico, Omar Samayoa, estaba decidido a hacer retomar a la cooperativa su dirección original. “Hemos de identificar a los líderes con actitud positiva”, dijo. “Tenemos que trabajar con ellos y motivarlos”.
Reconoció que atenerse al plan original de manejo durante los próximos 20 años de la concesión será una tarea ardua. ¿Quién puede anticipar de qué manera cambiarán las políticas oficiales, si la cooperativa se mantendrá unida o si se podrán evitar los incendios? Algunos de los problemas inevitables pueden mitigarse si los socios de la cooperativa mejoran sus ingresos con otras actividades. Pero, en la última instancia, nadie conoce cuál será el destino de los bosques de Petén.
El claro dejado por el árbol caído pronto será ocupado por retoños de árbol que compiten por tomar su lugar.
Mientras el trabajador empezaba a cortar las ramas del tronco, Sergio Gómez, el contratista de la empresa encargada de la tala, hizo un cálculo mental del valor del tronco. La cooperativa propietaria de esta tierra recibiría unos 175 dólares. Una vez el aserradero de su compañía convirtiera el tronco en tablones, su valor sería de unos 300 dólares. Cuando los tablones llegaran a Europa, donde probablemente se seccionarían en capas finas para el acabado de muebles finos o paneles, su precio probablemente alcanzaría los 1.000 dólares.
El cortar árboles no parece una actividad que contribuya a salvar el bosque tropical. Pero todo depende de cómo se efectúa la tala. En esta ocasión, la parcela de bosque está situada en el rincón más occidental de Petén, el departamento al norte de Guatemala, y fue recientemente obtenida en concesión del gobierno por un grupo de agricultores que conforman la Cooperativa El Arbolito. La parcela es de 4.516 hectáreas, una extensión importante en una parte de Petén donde los bosques ya están bastante degradados. A pesar de la tala de 280 árboles este año, la parcela aún se ve en buen estado. El objetivo de la cooperativa es mantenerla así, al asegurar que los propietarios reciban ingresos suficientes de los troncos para que la preservación del bosque les resulte rentable. La cooperativa está dando los primeros pasos hacia esta ambiciosa meta como parte de un proyecto piloto del Programa de Desarrollo Sostenible de Petén, financiado con la ayuda del BID.
Supervivencia improbable. Gran parte de los bosques que en el pasado se extendían sin
interrupción en Petén ha desaparecido. La explotación de la industria maderera en esta parte de Petén comenzó con vigor durante las décadas de la guerra civil, especialmente en el período entre 1980 y 1982. En aquel momento, la violencia era tal que muchos residentes huyeron a México. Intereses privados se introdujeron al bosque y cortaron caoba y cedro español, las especies más valiosas. Los taladores actuaron con impunidad pagando un “impuesto” a las fuerzas rebeldes que controlaban el área. Una vez que finalizó el conflicto, continuó la tala y los bosques se transformaron en pastos. El fuego aceleró el proceso. En algunos casos, el fuego destinado a desbrozar la tierra y regenerar los pastos se descontroló y quemó los bosques lindantes. En otros, la gente local quemó los bosques directamente para ahuyentar y atrapar a las pacas, un roedor grande y sabroso.
Tanto los árboles menos valiosos como las especies más preciadas son parte del plan de talado en la gestión de un bosque tropical.Así que este no es un bosque ordinario. El programa para su manejo se plasmó en el acuerdo que firmaron los socios de la cooperativa con el gobierno cuando recibieron un contrato de concesión de la tierra de 20 años de duración. Según este plan, en vez de extraer sólo las especies de árbol más valiosas, se talarían 21 especias, algunas para madera más fina, otras para conglomerados y otras para papel y diversos usos. La tala se haría sobre la base de una rotación cuidadosa que dejaría intacta la estructura del bosque. Los socios de la cooperativa plantarían árboles en los claros que se produzcan donde se tala y realizarían otras actividades económicas, además de las tradicionales de cultivar maíz y frijol. Los socios también recibirían apoyo de la Asociación Centro Maya, una organización no gubernamental.
Desacuerdo y decisiones. Pero manejar un bosque tropical, con miles de especies, es una propuesta difícil en las mejores circunstancias. Los problemas se multiplican cuando el manejo ocurre en el nivel comunitario y está en manos de varias personas, cada una con sus intereses y punto de vista propios.
López, presidente de la cooperativa, supervisa al equipo talador de la compañía privada.
En efecto, muchos socios de la Cooperativa El Arbolito han decidido que el manejo colectivo del bosque no les conviene, y que prefieren ocuparse individualmente de las parcelas de bosque que les corresponden. En parte, la frustración de los socios se debe a los malos resultados de la tala del año anterior, aunque la culpa no fue del bosque o del plan de manejo. Se produjeron retrasos en el procesamiento de la documentación necesaria para transportar los troncos y, como resultado, muchos de estos se encontraban todavía en el bosque cuando comenzó la temporada de lluvias. Las lluvias impidieron el tránsito de los caminos y muchos troncos se pudrieron. Al final, cada socio de la cooperativa recibió sólo 135 dólares. “La gente está muy desmoralizada”, dijo el presidente de la cooperativa, Edwin Atilio López.
El técnico forestal de la Asociación Centro Maya, Edwin Castro Castellanos intentó ver el lado optimista de la historia. Dijo que conoce algunos ejemplos de bosques pequeños, de propiedad privada, que muestran signos prometedores. Admitió, sin embargo, que para un agricultor pequeño, con una familia en marcha, la tentación de convertir los árboles en dinero rápido podría resultar irresistible.
“Si dependiera de mí, lucharía a capa y espada por defender el bosque, porque lo amo”, dijo, “Pero tenemos que manejar políticas y otros asuntos que no están bajo nuestro control”.
Señaló que, aunque los bosques de Petén siguen desapareciendo con rapidez, las cosas estaban mucho peor en años pasados cuando el contrabando de tráfico de madera estaba en pleno auge. “Al menos ahora tenemos programas que ofrecen incentivos para conservar los bosques, a pesar de las trabas inevitables de la burocracia y la falta de continuidad de las políticas de una administración a otra”, declaró.
¿Cree que el bosque sobrevivirá dentro de 50 años? “Esta es nuestra visión”, contestó.
Motivación y suerte. De regreso a la sede del Programa de Desarrollo Sostenible de Petén, su director técnico, Omar Samayoa, estaba decidido a hacer retomar a la cooperativa su dirección original. “Hemos de identificar a los líderes con actitud positiva”, dijo. “Tenemos que trabajar con ellos y motivarlos”.
Reconoció que atenerse al plan original de manejo durante los próximos 20 años de la concesión será una tarea ardua. ¿Quién puede anticipar de qué manera cambiarán las políticas oficiales, si la cooperativa se mantendrá unida o si se podrán evitar los incendios? Algunos de los problemas inevitables pueden mitigarse si los socios de la cooperativa mejoran sus ingresos con otras actividades. Pero, en la última instancia, nadie conoce cuál será el destino de los bosques de Petén.

Por Roger Hamilton, Petén, Guatemala

Fuente: Bid América

Publicado julio 2005

admin

Algo de programación en Access, diseño web y principalmente electrónica.

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1 Response

  1. Cesar Cano dice:

    Solo tengo una duda, me gustaría saber si puede ayudarme con esto. Se dice que con respecto al área basal se puede determinar si es un bosque ó no, creo que en coníferas es de 4 mts cuadrados por ha. la verdad no estoy seguro, usted me podría ayudar con este tema, tanto en coníferas como en latifoliadas, le agradecería mucho…

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